Video Modus Operandi. Edición 2020

En este documental de cosecha propia intento mostrar, mediante ejemplos reales, mi rutina habitual de trabajo en mis salidas de campo, llevadas a cabo en mi área de influencia, Mallorca.

Corría el año 2011 cuando, creativamente, me encontraba en uno de mis mejores momentos. Fue una etapa particularmente fértil, estimulada por las revolucionarias posibilidades del nuevo formato digital, que adopté en 2005. En una de mis tormentas de ideas, por primera vez, me planteé recoger en vídeo el proceso de algunas de mis salidas de campo, con el simple propósito de mostrar al público la realidad que se esconde tras la disciplina de la fotografía de paisaje, habitualmente asociada a ideas superficiales y resultados de fácil y rápida obtención. No en vano, esta variante de la fotografía se considera como la más compleja, por los múltiples factores involucrados, muchos fuera del control del fotógrafo.

Mi principal motivación residía en mostrar, con el mayor detalle posible, la silenciosa labor del artista, donde la planificación, el esfuerzo físico, la autodeterminación, la perseverancia y otras habilidades —como la visión personal y el sentido de la oportunidad— juegan papeles decisivos mucho más allá del mero dominio de la técnica.

Para hacer justicia al tema en cuestión, tuve muy claro que no sería una pieza al estilo videoclip de consumo rápido, sino más bien una obra extendida y cargada de detalles, a tono con la naturaleza de la actividad.

La idea inicial consistía en un documental compuesto de una variedad de ejemplos representativos de rutinas de trabajo habituales, llevados a cabo en mi lugar de residencia: la isla de Mallorca. Desde un amanecer en la montaña a los claroscuros de las simas o el inmaculado decorado de la nieve, pasando por la vistosa técnica timelapse, la astrofotografía y las panorámicas, sin olvidar la fascinación de la fotografía aérea o la pincelada del abstracto. Con el fin de no limitar la comprensión de la obra, opté por prescindir de diálogo o «voz en off». De hecho, no eran necesarios para conectar perfectamente con el mensaje del documental.

Para lograr registrar fehacientemente situaciones reales, era conditio sine qua non disponer de un generoso plazo de tiempo. Me propuse el reto de completarlo en un año. Este lapso me permitía contar con los fenómenos atmosféricos propios de cada estación y, por otro lado, me daba suficiente holgura para reunir un mínimo de recursos que me asegurara un resultado final de una calidad aceptable.

En la primavera de 2012 me puse manos a la obra y comencé con las pocas grabaciones que no requerían de colaboración de terceros. A falta de ayudas, se hizo habitual la auto-filmación, con el consabido trípode colocado en la lejanía, y los múltiples ida y vuelta para repetir tomas. En otras palabras, la inversión extra de tiempo para suplir la ausencia de terceros fue enorme.

Más adelante se iniciaron las colaboraciones para grabar las ideas más complicadas. Afortunadamente, y tras explicarles mi proyecto, pude contar con el inestimable apoyo de varios compañeros para la realización de los episodios más comprometidos, como por ejemplo, el itinerario espeleológico del cañón de Sa Fosca, la travesía a bordo de una piragua o la noche al raso en la cumbre de una montaña.


Nunca me cansaré de agradecer a mis compañeros la ayuda desinteresada prestada, sin la cual, este sueño nunca habría sido posible. Gracias Luís Alberto Domínguez, José García Ochogavía, Susana Gómez, Antonio Calero, Manuele Avenia, Joan Lluís Coll, Bernadí Company, Pablo Ruiz y Lluis Verdú.

El año 2012 resultó ser un buen año climatológicamente hablando, permitiéndome cumplir mis expectativas: lluvia y nieve abundantes, fuerte temporal marítimo y buenas condiciones de luz y visibilidad. No todos los años son tan generosos.

En marzo de 2013 di por finalizado el trabajo de grabación. Pocas cosas dan tanta satisfacción como cumplir retos. Y además, en este caso, excediendo las expectativas y procurándome inesperadas y gratificantes experiencias vitales.

Ahora quedaba por abordar el último “capítulo” y el menos inspirador: el proceso de edición digital final, enteramente a mi cargo. No hay nada que consuma más memoria en un ordenador que el proceso de edición de vídeo, ralentizando el ritmo del trabajo hasta extremos desesperantes.


Dar forma al proyecto y acompañarlo de una banda sonora apropiada supuso una inversión de varias semanas de trabajo a tiempo completo. Para ello fueron necesarias interminables horas de perfeccionamiento de la técnica de edición de vídeo y eternas esperas para estabilizar y renderizar la mayoría de secuencias. Pero nada quedó al azar.
De hecho, el principal desafío consistió en dar forma a cada capítulo en función de la banda sonora, especialmente seleccionada para ser sincronizada con el ritmo de las imágenes, en la medida de lo posible. Todas las pistas musicales fueron adquiridas en portales especializados de internet.

Tres meses después, el producto final ya estaba listo: un vídeo de 30 minutos de duración, compuesto por 10 breves capítulos, cada uno centrado en una pequeña “historia”. En el tintero quedaron otros tres capítulos más, descartados por falta de recursos —o simplemente de tiempo— entre ellos, el dedicado a la fotografía nocturna.

Como era previsible, el proceso creador en el campo dio lugar a múltiples anécdotas para el recuerdo: desde la aparición inesperada de grandes fotografías durante el transcurso de las grabaciones al angustioso extravío sufrido en la montaña, en un itinerario solitario nocturno por la espesura del bosque y con la nieve hasta las rodillas.

El vídeo se publicó en otoño de 2013, en el portal de internet Vimeo. A los dos años, el contador de visionados superaba la cifra de 30.000. Más tarde decidí retirar el vídeo para someterlo a una nueva edición y mejorar numerosos aspectos estéticos. Por falta de tiempo y motivación, no ha sido hasta ahora, mayo 2020 —aprovechando el confinamiento de la cuarentena— que he podido completar la tarea. No hay cambios sustanciales. Se ha aumentado la resolución a Full HD, se han eliminado, añadido y recolocado escenas, se ha procedido a una meticulosa edición para mejorar la calidad de secuencias clave y los efectos de sonido.

Modus Operandi fue el título final del documental —por su lectura universal—, aunque se barajaron otros nombres menos prosaicos como 10 Caminos hacia la Belleza o Making Of.

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6 respuestas a Video Modus Operandi. Edición 2020

  1. José Garcia ochogavia dijo:

    Sublime

  2. vicenta Martínez Martínez dijo:

    Como había pensado la misma definición la pongo igualmente… sublime!

  3. José Abad González dijo:

    Majestuoso. No hay palabras

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